Por Karla Roalandini, curadora
Del 11 de septiembre al 11 de octubre de 2026, Universum, Museo de las Ciencias de la UNAM, presenta Materia Viva, exposición individual de la joven artista visual Camila García Roalandini. La muestra propone un diálogo entre arte y ciencia a partir de la observación de la naturaleza, sus estructuras y sus procesos de transformación. Flores, plantas, insectos, células, tejidos y organismos microscópicos integran un universo visual en el que la precisión del dibujo convive con la libertad de la abstracción.
Camila García Roalandini nació en la Ciudad de México en 2008. Su práctica artística comenzó a desarrollarse de manera más profunda durante la pandemia de 2020, cuando encontró en la creación un espacio para expresarse y relacionarse con su entorno. Lo que inició como una actividad personal se convirtió paulatinamente en una búsqueda constante, sostenida por la observación, la experimentación y el deseo de construir un lenguaje propio.

A sus 18 años, la artista ha presentado cinco exposiciones individuales en espacios culturales y alternativos. Su producción abarca pintura, dibujo y experimentación escultórica, principalmente mediante el uso de tinta, acuarela, acrílico y arcilla. A lo largo de este recorrido ha consolidado un lenguaje visual reconocible, centrado en la naturaleza, las formas orgánicas y la diversidad de los seres vivos.
El origen de esta relación se encuentra en las flores. Camila comenzó a representarlas porque estaban a su alcance y podía observarlas directamente, pero también porque descubrió en ellas una belleza alejada de la perfección uniforme. Ninguna flor es idéntica a otra: cada pétalo presenta una forma, una inclinación y una tonalidad particulares. Esa diversidad se convirtió en una de las ideas centrales de su trabajo.
Su interés se amplió después hacia las plantas, las hojas, las mariposas y las abejas. Más allá de su atractivo visual, estos organismos llamaron su atención por las formas que los componen y por las funciones específicas que desempeñan dentro de los ecosistemas. La naturaleza apareció entonces no como un elemento decorativo, sino como una compleja red de relaciones en la que cada ser participa de un equilibrio mayor.
En sus dibujos botánicos, la artista observa las características visibles de las plantas y recupera el vínculo histórico entre arte y ciencia presente en la representación de la naturaleza. Durante siglos, la ilustración botánica permitió registrar, comparar y clasificar especies vegetales antes de que la fotografía pudiera hacerlo. En estas imágenes, el dibujo no era únicamente una interpretación estética: también constituía una herramienta para conocer.

Las obras de Camila retoman este punto de encuentro desde una mirada contemporánea. Sus dibujos identifican nervaduras, contornos, ramificaciones y variaciones cromáticas, pero no buscan limitarse a reproducir fielmente un ejemplar. La observación funciona como punto de partida para comprender su estructura y, posteriormente, transformarla mediante decisiones relacionadas con el color, la composición y el gesto.
Conforme avanzó su práctica, la artista dirigió su mirada hacia escalas que no siempre pueden percibirse a simple vista. Comenzó a interesarse por imágenes celulares, bacterianas y neuronales, así como por tejidos y formaciones microscópicas. Este desplazamiento le permitió trabajar con mayor libertad: puntos, conexiones, transparencias, capas y estructuras ramificadas comenzaron a habitar sus composiciones.
En estas piezas abstractas, la referencia científica no desaparece, pero se convierte en detonante de la imaginación. Algunas formas pueden recordar una célula, una red neuronal, un tejido o un organismo en expansión; sin embargo, las obras no ofrecen una respuesta única. Proponen territorios ambiguos que parecen encontrarse en movimiento, crecer, dividirse o transformarse frente a quien los observa.
Materia Viva se construye precisamente en ese tránsito entre lo reconocible y lo desconocido. La exposición reúne distintas etapas de una investigación visual en la que una flor puede conducir hacia una estructura microscópica y una ramificación vegetal puede adquirir la apariencia de una red interna del cuerpo. La vida se presenta como un sistema de correspondencias en el que las formas se repiten, se modifican y reaparecen en escalas diferentes.
La ciencia y el arte comparten aquí una inquietud esencial: el deseo de observar para comprender. La mirada científica identifica patrones, describe funciones y estudia procesos; la mirada artística interpreta esos hallazgos y los convierte en una experiencia sensible. Aunque utilizan métodos y lenguajes distintos, ambas pueden surgir de la curiosidad y de la necesidad humana de explorar aquello que nos rodea.
La presencia de Materia Viva en Universum resulta especialmente significativa porque permite que esta conversación ocurra dentro de un museo dedicado a acercar el conocimiento científico a públicos diversos. En este contexto, las obras no funcionan como ilustraciones de conceptos científicos, sino como posibilidades para ampliar la mirada. Frente a ellas, el visitante puede preguntarse cómo está constituido un ser vivo, qué relaciones existen entre sus partes o de qué manera la naturaleza organiza estructuras de enorme complejidad.
La exposición también invita a reflexionar sobre aquello que solemos considerar imperfecto o caótico. Para Camila, las variaciones, irregularidades y diferencias no son fallas, sino componentes fundamentales del orden natural. Una hoja asimétrica, un pétalo curvado o una formación celular aparentemente desordenada revelan que la vida no responde a modelos rígidos. Su riqueza reside precisamente en la diversidad y en su capacidad de transformación.
Esta idea adquiere especial relevancia dentro de la obra de una artista joven. Materia Viva no presenta una investigación cerrada, sino un proceso en crecimiento. Cada pieza constituye un registro de sus descubrimientos y, al mismo tiempo, el punto de partida para nuevas preguntas. La exposición permite acompañar el desarrollo de una mirada que comienza en la contemplación de lo cercano y se extiende hacia universos biológicos que desafían nuestra percepción cotidiana.
Observar estas obras implica detenerse. En una época dominada por imágenes rápidas, Camila propone recuperar la atención: mirar las líneas de una hoja, seguir una ramificación, reconocer las capas de una composición o imaginar el movimiento de una forma microscópica. Ese acto de observación permite descubrir que incluso los elementos más pequeños contienen sistemas complejos y que aquello que parece invisible sostiene buena parte de la vida.
Entre la precisión del dibujo botánico y la libertad de la abstracción, Materia Viva construye un territorio en el que conocimiento y sensibilidad no se contraponen. La muestra recuerda que observar una flor, una raíz, una célula o una red neuronal puede ser simultáneamente un ejercicio de descubrimiento y una experiencia estética.
La exposición invita, finalmente, a mirar la vida desde otras escalas y a reconocer en su diversidad una fuente inagotable de belleza, preguntas y conocimiento. Es en esa frontera —entre observación e imaginación, estructura y transformación, ciencia y arte— donde Camila García Roalandini encuentra el impulso de su obra y donde comienza a tomar forma el universo de Materia Viva.
El público está invitado a visitar Materia Viva en Universum, Museo de las Ciencias de la UNAM, en la Sala de Exposiciones Temporales del Edificio B. La exposición permanecerá abierta hasta el 11 de octubre de 2026.




